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16.11.2009

Si no hay figuras vigías, ¿qué pasa con el discurso?

Respuesta a la pregunta: si no hay figuras vigías, ¿qué pasa con el discurso? ¿qué estatuto tiene? ¿se invalida? ¿qué voces debemos modular? Estas preguntas surgieron en el marco del seminario Contra la crisis, pensamiento, que Espai en Blanc organizó en Lanzarote en octubre de 2009. Lo que sigue son las notas que Margarita Padilla elaboró como respuesta. Son interesantes de retomar en el contexto de Crisis de palabras.

Cuando participamos en el foro de afectados por el 11-M -que no es la asociación de pilar manjón, teníamos la necesidad de pensar, de conceptualizar. Formamos un grupo a parte que pensaba sobre lo que estábamos haciendo, como un momento separado.

Para la comunicación de la experiencia y para concretar la conceptualización decidimos escribir un libro. Y en ese libro explicamos que nosotros necesitamos pensar.

Yo estaba preocupada por el hecho de que cuando la gente del foro leyera el libro dijera ¡Anda! ¿Esto es lo que estábamos haciendo? ¿Estábamos creando un espacio de anonimato resistiéndonos al poder terapeútico?!!! Hay una manera de pensar, desde los vigías, que pensando sobre la experiencia la destruye, y nosotros queríamos un pensamiento que acompañara a la experiencia pero que no la destruyera.

Cuando Maribel, una madre que perdió a su hijo el 11-M dijo ¡Es como si estuviera volviendo a vivir! pensé que lo habíamos conseguido. El precio que tuvimos que pagar fue usar un lenguaje interno a la experiencia, por ejemplo no podíamos usar la palabra “político”. El desafío era pensar con el lenguaje interno, sin que ello fuera una limitación para la creación de conceptos.

Pero yo creo que sería una tiranía obligar a toda la gente que piensa y a todos los momentos de pensamiento a vincularse de esa manera a las prácticas. Eso sería como exigir a todos los pintores que solo pinten retratos realistas. Reconocemos que el pensamiento es una actividad específica, que tiene su mundo, y que debe ser libre en su creación, como acción creativa que es, igual que el arte. Y que no siempre tiene que ser útil o instrumental o funcional a las prácticas.

El problema que tengo es que este pensamiento creado de esa manera, como actividad específica, no se compone de manera natural con las experiencias. Son dos tonos, dos registros distintos.

Hay un problema cuando los conceptos se aplican directamente, de arriba a abajo, y lejos de potenciar la experiencia la vacían. Eso me pasa, por ejemplo, cuando leo una convocatoria para la mani del mayday. Yo no puedo pasar esa convocatoria a mis compas de trabajo porque no quieren ir a una mani en cuya convocatoria hay palabras que no entienden: precariado, cognitariado, multitud (es como que alguien ya ha pensado por ti y te da el pensamiento hecho). ¿Porqué no hablamos de mileuristas? (El lema de la V de vivienda “no tendrás casa en la puta vida” permitía pensar sin dar el pensamiento hecho). Evidentemente no es lo mismo precariado, que es un concepto de lucha, politizado, que mileurista, que es un concepto sociológico y de periodistas. Pero si parto de la base de que hay una despolitización generalizada… ¿cómo tengo que hablar? Tengo que hablar “despolitizado” confiando en que el proceso ya se politizará…

El problema que yo veo con esto es la ausencia de interfaces entre el pensamiento con mayúsculas y el pensamiento de garaje. Tiene que haber interfaces, traducciones, conceptos que puedan ser dichos en mayúsculas y en minúsculas, y posiblemente estos conceptos tengan que venir de otras disciplinas como el arte, la sicología… Taxista full es lenguaje cinematográfico. ¿Cómo operó? ¿Qué límites encontró?

Me pasa con el libro de Franco Berardi, Bifo, La fábrica de la infelicidad, que no puedo pasarlo en espacios donde se plantean problemas en los que leer el libro tendría sentido pero no puedo pasarlo porque el anticapitalismo no está dado y no van a entender de qué va la semiología de los flujos lingüístico-económicos. Y esto lo veo como algo positivo, porque la gente no quiere ser instrumentalizada y dice: Si alguien me propone opciones de lucha, de transformación, tiene que aceptarme como soy, con mi lenguaje, con mi estética. Y si no me acepta como soy, pues que se quede ahí luchando sola, con sus amiguitos.

Pero las mismas ideas que hay en el libro, el clave de novela o en clave de libro de autoayuda sí que las podría pasar.

Aplicando una metáfora de mi profesión, tenemos creadores de código y tenemos los testers de ese código, pero faltan los diseñadores de interfaces, los que crean metáforas, los que comunican dos planos distintos. Sin interfaces, los testers están trabajando con la línea de comandos, y eso excluye a mucha gente.

Como ejemplo de idea que opera en muchos planos traería la idea de ciberespacio. Sabéis que es una idea que viene de una novela cyberpunk y que define el ciberespacio como Una alucinación consensuada experimentada diariamente por miles de millones de operadores conectados. Una complejidad impensable. Líneas de luz ordenadas en el no-espacio de la mente, agrupaciones y constelaciones de datos. Como las luces de una ciudad que se alejan…

Es una ida de olla ambiciosa y especulativa, que rompió los límites del pensamiento de la época y proporcionó un nuevo alcance que dio valor a unas prácticas completamente marginales y esto permitió nuevas alianzas muy productivas, que permitieron a los movimientos sociales llevar la iniciativa en cuanto a usos sociales y políticos de las nuevas tecnologías.