Contenido →

13.12.2006

El 11-M y la nueva politización

,

Parece que el mar en calma de la postmodernidad, ese charco en el que todo estaba a la vista y en el no cabía ningún imprevisto, ha empezado a ponerse en movimiento. Las primeras olas han pillado a algunos desprevenidos, cómodamente instalados sobre la arena. A otros les han confirmado que el mar de fondo nunca había dejado de moverse, a pesar de todos los simulacros del mundo.

Pero más allá de constatar la crisis de los discursos postmodernos, lo urgente es empezar a entender qué ocurre. Los medios de comunicación, con la velocidad de sus titulares, cortan las secuencias y aumentan la sensación de discontinuidad. Seattle, Praga, Génova, el 11-S, el movimiento mundial contra la guerra de Irak, el 11-M, la posterior toma de las calles y el giro electoral en España, las recientes elecciones regionales francesas, etc. ¿Son nombres y fechas recogidos al azar, yuxtapuestos con la misma arbitrariedad que los animales de la enciclopedia china del cuento de Borges? ¿O hay algún hilo rojo que los une, que resuena en todos ellos? Si así es, ¿en qué consiste? ¿Nos hablan acaso de los distintos rostros y momentos de una nueva politización de la que a veces somos actores pero que no acabamos de entender ni de concebir (ni mucho menos de planear o prever)?

Por la cercanía en el espacio y el tiempo y por la magnitud de sus efectos, quizá vale la pena no dejar pasar demasiado rápido el 11-M y la semana que le siguió. Causas, hipótesis, culpabilidades, consecuencias… Son los términos que han manejado y seguirán manejando los políticos y los medios de comunicación. Tienen su importancia. Pero la narración no puede quedarse ahí. Sobre todo, porque no se ha terminado. Ha abierto espacios, vacíos, interrogantes, no sólo en la vida de nuestro país, de Europa o del mundo, sino en nuestras vidas. Por eso proponemos los siguientes puntos. Son líneas abiertas para pensar. Para no dejar de hacerlo. Para insistir en la labor de crear un nosotros en el pensamiento.

El 11-M y nuestro vacío

1)El atentado del 11 de marzo en Madrid constituye un acontecimiento absoluto. Por un lado, irrumpe en la historia poniendo en crisis las relaciones de sentido y de poder imperantes. Por otro lado, abre un vacío que es nuestro propio vacío y en el que se plantean preguntas verdaderamente radicales del tipo: ¿Qué sentido tiene que vaya a trabajar? ¿Por qué si sólo se vive una vez no vivo realmente? ¿Qué sentido tiene la vida? etc.

2)En los dos casos, el lapsus abierto por la interrupción (del poder, del sentido y de nuestras vidas cotidianas) puede ser colmado rápidamente. En el primer caso, por las lógicas de la «gran política»: qué intereses había detrás del atentado, qué se pretende, quién es el responsable, qué consecuencias macropolíticas e institucionales va a tener, etc. Y sin embargo, no todo encaja: se habla a la vez de religión y de nihilismo, de sacrificio y de desesperación, de tradicionalismo y de redes postmodernas. ¿Cómo hacer encajar todas estas piezas? ¿Encajan realmente?

3)En el segundo caso, llenar el vacío, el vacío que se ha abierto en nuestras vidas, es aún más complicado. Las preguntas que tanta muerte ciega nos obliga a plantearnos se formulan desde la soledad que produce el sentimiento de dolor y se responden –o se intentan responder– desde esa misma soledad. Esa soledad parece querer ser capturada por dos instancias que intentan neutralizarla en una colectividad tramposa:

Por una parte, el discurso político que vehicula el sistema de partidos tiene prisa para llenar el vacío abierto. Hace de nuestro vacío un terreno en el que abonar rentabilidades y promesas. Por otra parte, el discurso político que se quiere izquierdista parece requerir unas formas de autoengaño y de ilusión que también le imposibilitan aprehender dicho vacío.

La psicología, por otra parte, actúa como verdadera policía de los sentimientos. Mediante la psicologización de lo que se siente y piensa se evita que estas preguntas puedan emerger. Paradójicamente, se hace hablar para que no haya nada que hablar. La psicología banaliza, naturaliza. Se apropia de nuestros propios problemas.

4)El vacío que por unos momentos se ha abierto posibilita una manera de pensar en la que pensamiento y vida no están separados. Este pensamiento que nace del vacío es un pensamiento del cuerpo. Pensar desde/con el cuerpo significa hundir todas las trascendencias, significa poner el querer vivir en el centro. El atentado porque sacude cada una de las vidas nos muestra lo que realmente somos: un/el querer vivir. ¿Cómo se ha ido más allá del cuerpo de cada uno? ¿Cómo han emergido de ese vacío que se abrió en cada uno de nosotros los gestos de una nueva politización?

5)Aunque pudiera parecerlo, el dolor no une verdaderamente. El dolor nos separa unos de otros. En Madrid, la experiencia que ha unido a la gente ha sido la del asco y la del querer vivir. Asco contra el PP y sus burdas manipulaciones; querer vivir como rechazo a la muerte. Por un tiempo, la interioridad de cada uno ha dejado de ser privada y se ha hecho común. Por un lapso de tiempo, la antigua consigna: «todo lo personal es político» se nos ha hecho más verdad que nunca.

¿Una nueva politización?

6)El 11-M nos habla de un atentado criminal, de bombas cobardes en trenes de cercanías. Pero nos habla también de millones de personas en la calle, no sólo para condolerse sino para repudiar a un gobierno bélico y manipulador, asesino y mentiroso. Estas subjetividades heridas y coléricas que salieron a la calle no son la sociedad civil. Sociedad civil es un término incapaz de decir lo que son. En última instancia, la sociedad civil necesita al Estado para definirse a sí misma. Estas subjetividades ¿cómo llamarlas? son directamente políticas. Su política está hecha de gestos de desafío. Frente a las sedes del PP en día prohibido. Ilegalidad de masas, política en primera persona que no necesita mediación alguna para expresarse. Y, a pesar de ello, su carácter propiamente político no les hace perder su dimensión existencial. El encuentro entre estas dos dimensiones, lo político y lo existencial, lo colectivo y la irreductibilidad del cada uno, es uno de los puntos importantes, y aún por pensar, de lo que representa esta nueva politización. Por eso tenemos que aprender a mirar de nuevo más allá de los movimientos, más allá de la inercia de muchos colectivos «radicales» que se encuentran prisioneros del testimonialismo y de la acción publicitaria. El modelo de la visibilización no puede dar cuenta de esta nueva politización. Va mucho más allá de las campañas que cualquier colectivo pueda diseñar.

7)Estas subjetividades radicales parecen haber dispuesto de una inteligencia colectiva, que se ha demostrado en la invención de formas de convocatoria anónimas («Pásalo») y que se ha hecho sentir, también, en el empleo del voto útil. Estas subjetividades han utilizado al PSOE como palanca para desalojar al PP del gobierno. No han dejado pasar la oportunidad, a pesar de que esta tuviera que venir de la mano de la desgracia. Y lo que es más importante: esta inteligencia ha sabido mantener los términos que dan sentido a la votación y al cambio de gobierno. No se ha votado al PSOE por ilusión ni en respuesta individual a sus promesas. Se ha votado contra el PP por dignidad, por una dignidad que en este caso ha sido colectiva. Zapatero no ha vendido nada. Ha sido comprado por nosotros. Ya no tiene como guía su programa. Tiene como norte, si no quiere perderlo, el «No nos falles». ¿A quién? ¿Quién ha sido este nosotros? La manera como ha llegado a presidente lo convierte en rehén de la misma gente. De ahí que su principal acción de gobierno tenga que pasar por destruir las condiciones que han hecho posible su acceso al gobierno. Dicho directamente: el PSOE se pondrá como objetivo central destruir la politización que se ha dado en la lucha contra la guerra.

8)La politización de este nosotros no arranca de la conciencia de explotación o de la conciencia de clase. Tiene una relación directa con la vida, de la que cada uno es un caso único, y con la muerte, que ciegamente pero de forma tan elocuente han colocado entre nosotros las estrategias y las ansias del poder. Es una politización que había nacido de la lucha contra la guerra de Irak y que por un momento parecía haber desaparecido. De pronto ha salido a la luz y se ha mostrado con toda su inteligencia. Después del atentado del 11-M, estas subjetividades radicales en lugar de cerrar filas alrededor del gobierno como es habitual en estos casos, han sabido ponerse enfrente. No han asumido los roles que se les ofrecían: ni el de las víctimas que teníamos que ser todos ni el de los cómplices en los que nos teníamos que convertir. Ni victimas ni cómplices. «Vuestras guerras. Nuestros muertos». Es una línea política clara. No tenemos los mismos enemigos. Analizar esta nueva politización, intentar pensar en y con estas subjetividades radicales, constituye hoy una tarea fundamental.

Más allá de la guerra

9)¿Se requiere que un acontecimiento absoluto portador de muerte intervenga para que dichas subjetividades aparezcan?

10)Lo que está claro es que «la guerra contra el terrorismo» decretada por Bush después del 11-S no ha sido la movilización total que pretendía ser, sino que, al contrario, ha sido una nueva fuente de politización. En España, por lo menos, esto se ha vivido de forma particular.

11)A Bush, «la guerra contra el terrorismo» le ha servido en todos los sentidos. Gracias a ella puede presentarse como el «Presidente de la guerra», papel que en principio tendría que resultarle electoralmente rentable. El 11-M de Madrid, a pesar de la caída de Aznar, le reafirma en la necesidad de esta guerra. De ella no sólo obtiene enorme ventajas políticas sino ventajas económicas: reconstrucción de Irak, presupuestos para armamento etc. ¿Cumple en Europa «esta guerra contra el terrorismo» el mismo papel? Parece claro que no. Ya se vio en la grieta que se abrió en la ONU a propósito de la invasión de Irak ahora hace un año. Y lo volvemos a ver ahora. El PSOE lo ha visto claro y por eso sustituye «el discurso de la guerra» por «el discurso de la seguridad». Este cambio tiene como finalidad cortar de raíz la nueva politización.

12)Al PSOE le resulta urgente, por tanto, desmontar la consigna «guerra contra el terrorismo». Desmontarla en la misma línea que lo han hecho estas subjetividades radicales de las cuales estamos hablando pero con otro fin. Para Bush la guerra contra el terrorismo es efectivamente guerra. Para el PSOE, y parece que para Europa en general, no. Para el primero, los terroristas son el enemigo. Para los segundos, los terroristas no son enemigos sino criminales. Para ambos, sin embargo, son necesarias las medidas políticas y antiterroristas que persiguen construir un Estado-guerra.

13)Hablar de guerra global es demasiado confuso. ¿De qué guerra se trata? La guerra que nos hace el terrorismo, o las diferentes guerras que hoy existen en del mundo, o la precarización como ataque contra todos… Para los pacifistas, la guerra no tiene sentido, de ahí su defensa de la paz. Para los militaristas, sí lo tiene, en la medida que es continuación de la política. Para los primeros, se trata de sacarle todo sentido. Para los segundos, en cambio, se trata de conferirle un sentido. Ambos están equivocados. La guerra está más allá del sentido porque es justamente lo que abre el ámbito del sentido. Como decía Heráclito, la guerra es el padre de todas las cosas. Tenemos que introducir, pues, un desplazamiento: de la guerra al Estado-guerra.

14)La manera de que dispone el PSOE para hundir esta nueva politización que se ha dado en torno a la guerra y al 11-M consistirá en hallar una nueva articulación de la «forma» Estado (el Estado-guerra) y del fascismo postmoderno. El modelo Barcelona 2004 será seguramente el camino a seguir. ¿Cuál tiene que ser el nuestro?

Barcelona, marzo 2004